Liturgia del viernes 27 de febrero
Para el viernes 27 de febrero de 2026, la Iglesia Católica se encuentra en pleno tiempo de Cuaresma (específicamente el viernes de la primera semana de Cuaresma).
Las lecturas de este día están centradas en el llamado a la conversión, la justicia y la responsabilidad personal sobre nuestros actos.
📖 Liturgia de la Palabra
Primera Lectura: Ezequiel 18, 21-28
En este pasaje, el profeta Ezequiel transmite un mensaje fundamental sobre la misericordia y la justicia divina. Dios explica que si el malvado se aparta de sus pecados, vivirá; pero también advierte que si el justo se aparta de su camino de rectitud, sus obras pasadas no lo salvarán.
Mensaje clave: La responsabilidad individual y la posibilidad constante de conversión. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.
Salmo Responsorial: Salmo 129 (130)
Antífona: Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Este es un salmo de penitencia y esperanza ("De profundis"). El salmista clama a Dios desde el abismo, confiando en que en Él se encuentra el perdón y la redención abundante.
Evangelio: Mateo 5, 20-26
En el contexto del Sermón de la Montaña, Jesús eleva la exigencia de la Ley. No basta con "no matar"; Jesús advierte que el enojo, el insulto y el rencor contra el hermano también son motivo de juicio.
Punto central: La reconciliación. Antes de presentar una ofrenda en el altar, Jesús pide que primero nos reconciliemos con nuestro hermano. La relación con Dios es inseparable de la relación con el prójimo.
💡 Reflexión Cuaresmal
La combinación de estas lecturas nos invita a una revisión profunda de nuestras relaciones. En Cuaresma, el ayuno y la oración pierden valor si no van acompañados de un esfuerzo real por sanar los conflictos y actuar con justicia hacia los demás.
«Deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano»
Hoy, el Señor, al hablarnos de lo que ocurre en nuestros corazones, nos incita a convertirnos. El mandamiento dice «No matarás» (Mt 5,21), pero Jesús nos recuerda que existen otras formas de privar de la vida a los demás. Podemos privar de la vida a los demás abrigando en nuestro corazón una ira excesiva hacia ellos, o al no tratarlos con respeto e insultarlos («imbécil»; «renegado»: cf. Mt 5,22).
El Señor nos llama a ser personas íntegras: «Deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano» (Mt 5,24), es decir, la fe que profesamos cuando celebramos la Liturgia debería influir en nuestra vida cotidiana y afectar a nuestra conducta. Por ello, Jesús nos pide que nos reconciliemos con nuestros enemigos. Un primer paso en el camino hacia la reconciliación es rogar por nuestros enemigos, como Jesús solicita. Si se nos hace difícil, entonces, sería bueno recordar y revivir en nuestra imaginación a Jesucristo muriendo por aquellos que nos disgustan. Si hemos sido seriamente dañados por otros, roguemos para que cicatrice el doloroso recuerdo y para conseguir la gracia de poder perdonar. Y, a la vez que rogamos, pidamos al Señor que retroceda con nosotros en el tiempo y lugar de la herida —reemplazándola con su amor— para que así seamos libres para poder perdonar.
En palabras de Benedicto XVI, «si queremos presentarnos ante Él, también debemos ponernos en camino para ir al encuentro unos de otros. Por eso, es necesario aprender la gran lección del perdón: no dejar que se insinúe en el corazón la polilla del resentimiento, sino abrir el corazón a la magnanimidad de la escucha del otro, abrir el corazón a la comprensión, a la posible aceptación de sus disculpas y al generoso ofrecimiento de las propias».





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