Las múltiples derrotas de Alberto
Por Joaquín Múgica Díaz, periodista especializado en política y parte del equipo de autores de Crónicas del Poder - Infobae
Alberto Fernández logró, protagonizando un escándalo de proporciones aún inimaginables, que en el peronismo pierdan todos. El mayor perdedor, claro está, fue él. Siempre hablando en términos estrictamente políticos y excluyendo de la discusión que los verdaderos damnificados son otros. En el caso de la violencia de género, perdió su expareja Fabiola Yañez y el hijo que tuvieron ambos. En el caso del video con Tamara Pettinato, perdió la sociedad, ante la inconducta de quien debía administrar el Estado.
El expresidente perdió el poco prestigio político que le quedaba, los argumentos que tenía para reivindicar una parte de su gobierno y la capacidad de estar presente, aunque con una voz desgastada y sin influencia, en la agenda del peronismo y de la política nacional. Nada de todo eso existe. Se desintegró en poco más de una semana, entre la causa de los seguros y la denuncia por maltrato físico y psicológico.
Fernández perdió la posibilidad de discutir los vaivenes de su gestión y la credibilidad para confrontar con el kirchnerismo. Sobre todo, con Cristina Kirchner, que en reiteradas oportunidades le pidió que se ordenara. Aunque no lo dijera explícitamente en público, la expresidenta tenía conocimiento de las desprolijidades permanentes del ex jefe de Estado, en lo que a vínculos con mujeres respecta.
¿Te preguntarás quién más perdió? CFK fue una de las perdedoras. ¿Por qué? Porque fue quien eligió a Alberto Fernández para ser candidato a presidente y representar al peronismo en las elecciones de 2019. Fue la que lo encumbró, con su dedo todopoderoso, al vértice de la lista y la que logró, en gran medida, con el apoyo popular que aún conserva, llevarlo a la Casa Rosada.
La exvicepresidenta no le pegó a nadie. No puede hacerse cargo de las acciones por las que fue denunciado su compañero de fórmula. Pero sí debe asumir que, a la luz de los hechos, fue un error haber catapultado a Fernández a la cima del peronismo. No solo por el escándalo en el que terminó inmerso, sino también por el destino de la gestión. Aunque ella también tuvo, en gran medida, responsabilidad por el fracaso del gobierno que pasó.
Perdió el Partido Justicialista, que decidió, en forma unánime y como resultado de un acuerdo conjunto de todos los sectores, que Alberto Fernández sea elegido como el presidente del partido a nivel nacional. Partido que aún no emitió un comunicado sobre lo que piensa respecto a las acciones por las que fue acusado el expresidente. Perdieron los dirigentes que lo respaldaron para llegar hasta ese lugar preponderante.
Perdió el círculo íntimo que lo sostuvo hasta el final de su mandato. Que lo apoyó, lo contuvo y lo defendió como pudo, aun sabiendo que defenderlo era una tarea titánica, frente a sus falencias de gestión y sus reiterados traspiés públicos. Frente a sus promesas incumplidas y su incapacidad de construir una estructura política que le permitiese gestionar en medio de una interna sin fin.
Perdieron Santiago Cafiero, Julio Vitobello, Gabriela Cerruti, Juan Manuel Olmos y Vilma Ibarra, que lo respaldaron hasta el minuto final de su gobierno. Perdieron aquellos que lo apoyaron en su lucha por lograr que el aborto sea legal en la Argentina y que las mujeres tengan más derechos en sus trabajos.
Perdieron las actrices, periodistas y exfuncionarios que, con el pañuelo verde atado a sus muñecas, destacaron la influencia y la presión de Fernández a algunos legisladores para que el aborto logre la última media sanción en la cámara de Senadores. Y también perdieron las miles de militantes feministas que le creyeron al exmandatario cuando dijo que era el presidente del feminismo y que iba a hacer lo imposible para que en la Argentina no hubiera más femicidios ni hechos de violencia contra las mujeres.
Perdieron las 12.946.037 de personas que votaron a Fernández en 2019 y se atrevieron a imaginar que iba a convertirse en un líder progresista, con capacidad de mando y de consenso. Perdieron porque los defraudó en la gestión de cuatro años y porque las denuncias de corrupción y violencia que salieron a la luz en las últimas semanas le hicieron caer la coraza agujereada que lo recubría.
Perdió el peronismo, como fuerza política, por quedar atado a su figura presidencial, por más que la gran mayoría de los dirigentes se haya ido apartando de Fernández desde la mitad de su gobierno a esta parte. Pero ese argumento no invalida el del oficialismo, que ahora, en un movimiento sencillo de estrategia política, meterá a todos en la misma bolsa que la del expresidente.
Muchos perdedores. Fernández lo hizo. Aún le queda una carta para dar vuelta esa ola de derrotas: demostrar en la Justicia, con pruebas concretas, que no hizo lo que su expareja dice que hizo.



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