Lecturas del Lunes de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario
San León Magno, papa y doctor de la Iglesia. Lc 17, 1-6. Si siete veces en un día vuelve a decirte: «Me arrepiento», lo perdonarás.
Primera Lectura
Comienzo del libro de la Sabiduría (1,1-7):
Amad la justicia, los que regís la tierra, pensad correctamente del Señor y buscadlo con corazón entero. Lo encuentran los que no exigen pruebas, y se revela a los que no desconfían. Los razonamientos retorcidos alejan de Dios, y su poder, sometido a prueba, pone en evidencia a los necios. La sabiduría no entra en alma de mala ley ni habita en cuerpo deudor del pecado. El espíritu educador y santo rehúye la estratagema, levanta el campo ante los razonamientos sin sentido y se rinde ante el asalto de la injusticia. La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres que no deja impune al deslenguado; Dios penetra sus entrañas, vigila puntualmente su corazón y escucha lo que dice su lengua. Porque el espíritu del Señor llena la tierra y, como da consistencia al universo, no ignora ningún sonido.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 138,1-3a.3b-6.7-8.9-10
R/. Guíame, Señor, por el camino eterno
Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso. R/.
Todas mis sendas te son familiares.
No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco. R/.
¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro. R/.
Si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha. R/.
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,1-6):
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: «Lo siento», lo perdonarás.»
Los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe.»
El Señor contestó: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar.» Y os obedecería.»
Palabra del Señor
Reflexión del Evangelio de hoy
Un don de Dios
La sabiduría es un don de Dios, es un espíritu amigo del hombre. Por eso la sabiduría sólo la pueden llegar a poseer los de corazón sencillo, “los que no desconfían” los que no tienen “razonamientos retorcidos”. La encuentran “los que buscan con corazón entero. Los necios y los deslenguados no sabrán acoger en sí mismos esta sabiduría que viene de Dios.
Todos necesitamos esa sabiduría, que no significa erudición, o u cúmulo de conocimientos, sino esa intuición interior que nos hace ver las cosas con la mirada de Dios.
El pecado está reñido con la lucidez de la sabiduría. Los que andan por caminos turbios no ven, no quieren ver la luz que emana de Dios.
Todos conocemos personas que no tienen gran cultura, pero sí sabiduría: han llegado a ver la vida desde los ojos de Dios.
Templos del Espíritu
Palabras duras de Jesús a quienes son motivo de escándalo o de tropiezo para los pequeños. Por desgracia hemos tenido que lamentar una serie de escándalos provocados por sacerdotes pederastas.
Pero los escándalos no solo se dan en materia sexual. Cualquier comportamiento nuestro que tenga como consecuencia un deterioro de la vida de los demás o que los aleje de Dios, es una piedra de escándalo. En particular cuando los que nos decimos cristianos no hacemos lo que está en nuestras manos para que mejore la situación de los pequeños, es decir, de los que no tienen los recursos materiales o espirituales necesarios para el mal ejemplo que perturba la fe.
Últimamente lamentamos el alejamiento de la fe por una parte de la sociedad. Tal vez los creyentes somos, en parte, responsables de ese alejamiento.
Pidamos ayuda al Señor para que nunca nos olvidemos de los pequeños, por los que tanto se preocupaba el Señor.








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