Las historias de esfuerzo y superación que construyen el CENS 452 de Junín
Alumnos de Primer Año del CENS 452 cerraron su módulo de Prácticas del Lenguaje con un emotivo proyecto que valora el trabajo como eje de identidad. "Entre Tuercas y Sueños" se cruzan las crónicas de Braian, el mecánico que reparte su vida con el delivery, Nahuel, el suboficial del Ejército que halló su vocación en la disciplina, y Luis, el trabajador de frigorífico que alcanzó la "categoría máxima", demostrando que la educación y el oficio son caminos de crecimiento ininterrumpido.
Esta presentación es el resultado de un trabajo realizado por alumnos de Primer año de Administración y Gestión del CENS 452.
De esta forma, cierran el segundo módulo de la materia Prácticas del Lenguaje II ,a cargo de la profesora Manuela Suárez, donde, de manera transversal y colaborativa entre todas las áreas se abordó el tema trabajo.
Compartir y llevar a su propia vida la experiencia de aprendizaje es característica de la educación para adultos y sus educadores.
Entre Tuercas y Sueños: la historia de un mecánico que aprendió a no rendirse
El olor a combustible y los sueños en marcha
A los 27 años, Braian aprendió que los sueños no siempre nacen en los lugares cómodos. A veces se forjan entre el ruido de un motor, el olor a combustible y el cansancio de las manos que trabajan sin descanso. Braian vive en Junín y reparte sus días entre dos oficios: uno que lo apasiona, y otro que le recuerda lo difícil que es sostener la vida cuando se elige caminar por cuenta propia.
Durante el día, su mundo es el taller de motos, un espacio que levantó con sus propias manos, pieza por pieza, después de años de esfuerzo y miedo a fracasar. De noche, cambia las herramientas por la mochila del delivery, para sumar lo que falta. No lo esconde: “no me gusta, pero me ayuda a seguir”.
Así, entre tuercas y pedaleadas, Braian sostiene lo que más ama: su independencia, su oficio, su forma de estar en el mundo.
El motor de la jornada: entre herramientas y mates
Su jornada empieza temprano, cuando el sol apenas asoma. A las ocho ya está en el taller, rodeado de herramientas, de sonidos metálicos y del vapor del mate que nunca falta. Allí, entre criques, tubos y llaves de fuerza, Braian se sumerge en su rutina: potenciar motores, arreglarlos, darles nueva vida.
Podría parecer un trabajo mecánico, pero para él es casi una forma de arte. Cada moto que llega es un desafío distinto, una historia que vuelve a andar cuando el motor arranca. “Desarme y ensamble”, dice, como si resumir todo su oficio fuera tan simple. Pero detrás de esas palabras hay paciencia, práctica y una enorme pasión por lo que hace
El bautismo de aceite: anécdotas y aprendizajes
No hay vida de taller sin anécdotas. Braian recuerda una que se volvió casi leyenda entre sus conocidos:
“Estaba descargando un bidón de aceite con aire comprimido y explotó. Me bañó entero de aceite, parecía una caricatura”, cuenta entre risas.
Aquel episodio, su bautismo de aceite, fue un recordatorio de que el trabajo no siempre sale limpio, pero siempre deja una enseñanza.
Los días sin clientes, en cambio, son los que más pesan. El silencio del taller se hace largo, y la incertidumbre se cuela entre las herramientas. Es ahí cuando el delivery vuelve a ser una salida, aunque no una elección. Sin embargo, incluso en esos momentos, Braian conserva algo que no se compra ni se vende: la convicción de seguir apostando por su oficio.
La belleza de un oficio propio
Hoy, cuando Braian abre las puertas de su taller y el olor a aceite lo recibe como un viejo amigo, sabe que todo valió la pena. Haber superado los miedos, haber aprendido con errores, haber construido un espacio propio, lo llenan de orgullo.
La mecánica le dio más que un trabajo: le enseñó a confiar en sí mismo, a entender que cada motor puede volver a latir, igual que las personas cuando encuentran su rumbo.
“Es un trabajo hermoso —dice, con una sonrisa sincera—, y no se van a arrepentir.”
Y entonces, mientras el sonido de un motor vuelve a rugir en su taller, Braian confirma lo que ya sabe: no hay música más linda que la del esfuerzo que se convierte en sueño cumplido.
Entre la disciplina y el orgullo: la historia de Nahuel, un joven que encontró su vocación en el Ejército Argentino
En el CENS N° 452 de Junín, Nahuel cursa primer año de Gestión Contable. Tiene 27 años y, además de ser estudiante, dedica sus días al servicio en el Ejército Argentino, donde se desempeña como suboficial conductor motorista. Su historia es un ejemplo de esfuerzo, disciplina y amor por la profesión, valores que lo acompañan desde que decidió vestir el uniforme verde oliva.
Su jornada laboral comienza temprano, a las 5:30 de la mañana, cuando el silencio del cuartel se interrumpe con el sonido del clarín. A las 8, junto a sus compañeros, participa del izamiento del pabellón nacional, un ritual que simboliza respeto y compromiso con la patria. Luego, cada uno se dirige a su puesto: Nahuel, al volante de los vehículos militares, se encarga del mantenimiento y control de cada unidad, tarea que exige precisión y responsabilidad.
Las horas transcurren entre llaves francesas, destornilladores y el inconfundible olor a motor. Su trabajo, dice, “es exigente, pero apasionante”. No hay jornada igual: algunos días están destinados al mantenimiento de los vehículos, otros a prácticas de instrucción o guardias. Aun así, Nahuel no pierde la sonrisa ni la energía. “Lo que más me gusta es el trabajo en equipo y la enseñanza constante”, comenta orgulloso.
A lo largo de su trayectoria, hubo momentos difíciles, sobre todo durante los años de formación, cuando el cansancio físico y mental parecía más fuerte que la motivación. Sin embargo, su perseverancia lo llevó a superar los obstáculos. Recuerda con emoción el día en que, después de mucho esfuerzo, logró pasar de soldado voluntario a suboficial: “Fue el momento de mayor satisfacción, no solo por mí, sino por mis compañeros que también lo lograron”.
La vida en el Ejército, asegura, lo transformó por completo. Cambió su manera de pensar, de vestir y de valorar las pequeñas cosas. “Aprendí a respetar, a valorar el trabajo de los demás y a disfrutar de cada momento, incluso del descanso”, reflexiona.
Fuera del cuartel, Nahuel es un joven tranquilo, familiero y comprometido con su formación. Sueña con seguir creciendo profesionalmente y aplicar sus conocimientos contables en el ámbito militar. “Nada se logra sin esfuerzo ni constancia”, repite con convicción.
Su historia, como la de tantos estudiantes del CENS 452, refleja el valor de quienes eligen superarse cada día. Nahuel representa el ejemplo vivo de que la disciplina y la vocación pueden ir de la mano cuando el compromiso con uno mismo y con los demás se convierte en bandera.
Un día en la vida de Luis: esfuerzo, orgullo y carne bien cortada
Luis, de 39 años, trabaja en un frigorífico local y combina su labor exigente con el estudio en el CENS. En su historia se refleja el valor del esfuerzo, la superación y el orgullo de aprender dentro y fuera del trabajo.
Entre el frío del taller y el calor del orgullo
Cuando Luis habla de su trabajo, se nota enseguida el compromiso. “Es muy esforzado, exigido y prolijo”, dice con serenidad, mientras recuerda cómo fue aprendiendo cada tarea en el frigorífico donde trabaja. Sus días son intensos: los horarios rotativos, el ruido constante de las máquinas y el clima frío de las cámaras forman parte de su rutina cotidiana.
Pero para él, más que un sacrificio, su trabajo representa un logro personal. “Hay que estar preparado, porque el trabajo nunca se detiene”, comenta. En su puesto, Luis se encarga de despostar las reses, limpiar las piezas y preparar las achuras. Usa cuchillos, chairas, casco y ropa blanca. Cada herramienta tiene su función y su cuidado: la prolijidad y la precisión son parte esencial del oficio.
De tirar sebo a alcanzar la categoría máxima
Luis recuerda su primer día como si hubiera sido ayer: “Empecé tirando sebo. No entendía mucho, pero fui aprendiendo”. Esa frase resume su recorrido: empezar desde abajo, observar, practicar y mejorar. Con el paso de los años, su esfuerzo fue reconocido con la categoría máxima dentro del sector, un logro que todavía le genera satisfacción.
Sin embargo, no todo fue fácil. “El momento más difícil es cuando no pagan el sueldo”, confiesa. Aun así, Luis mantiene una actitud positiva: nunca se queja, siempre busca la manera de seguir adelante. Dice que el trabajo le enseñó que es “muy bueno trabajando la carne y el cuero”, y que cada jornada lo ayuda a superarse un poco más.
Aprender del trabajo y del estudio
Cuando le pregunto cómo se siente haciendo su labor, responde con orgullo: “Muy orgulloso”. También recuerda con una sonrisa una anécdota divertida: “Nunca me voy a olvidar cuando aprendí a hacer las verijas”. Entre risas, cuenta cómo los errores se transforman en aprendizajes y cómo el trabajo en equipo hace que todo sea más llevadero.
Luis explica su tarea paso a paso: “Montamos los animales, sacamos el cuero, los llevamos a la sierra y después al enfriado. Hay que ser cuidadoso porque es peligroso, pero con el tiempo todo se aprende.” A quienes recién empiezan les da un consejo simple pero sabio: “Tranquilo, que todo se aprende.”
Ese mensaje también se aplica al estudio. Luis forma parte del CENS, donde retoma sus estudios mientras continúa trabajando. Su historia demuestra que el aprendizaje no termina nunca y que tanto el trabajo como la educación son caminos de crecimiento personal.
Más que un oficio, una forma de vida
Hablar con Luis deja una enseñanza clara: el valor del trabajo bien hecho, del esfuerzo cotidiano y del orgullo por mejorar. Detrás de cada producto que llega a una carnicería o a una mesa, hay personas como él, que ponen cuerpo, disciplina y corazón.
Luis no solo trabaja la carne: también construye futuro. Y lo hace con las mismas manos que, día a día, aprenden a escribir nuevas páginas de su historia.
Esta crónica fue realizada en el marco del proyecto institucional "Mi trabajo contado por otros" del CENS N° 452, donde los estudiantes entrevistan a trabajadores y trabajadoras de su comunidad. El objetivo es valorar el trabajo como espacio de identidad, esfuerzo y dignidad, y reconocer que cada oficio encierra una historia de vida y aprendizaje
.jpeg)

.jpeg)








No hay comentarios