Santos Cirilo y Metodio: Los Hermanos que evangelizaron con una Nueva Escritura
APÓSTOLES DE LOS ESLAVOS Y PATRONOS DE EUROPA. En el siglo IX, estos dos hermanos griegos de Tesalónica emprendieron una misión audaz que cambió para siempre el mapa cultural y religioso de Europa Oriental. Al crear un alfabeto para traducir la Biblia, tendieron un puente invaluable entre la fe y la cultura de los pueblos eslavos.
Tesalónica, Imperio Bizantino. Nacidos en el seno de una familia noble, Constantino (quien más tarde tomaría el nombre monástico de Cirilo) y Miguel (conocido como Metodio) parecían destinados a brillantes carreras imperiales. Cirilo, un erudito excepcional apodado "el Filósofo", y Metodio, un hábil administrador que luego se hizo monje, compartían una profunda fe y un dominio de la lengua eslava hablada en su región.
El Llamado de Moravia
Sus vidas dieron un giro decisivo en el año 862, cuando el príncipe Rastislav de la Gran Moravia solicitó al emperador bizantino misioneros capaces de enseñar la fe cristiana en la lengua vernácula de su pueblo, en lugar del latín o el griego impuestos por otros clérigos. El emperador y el patriarca de Constantinopla eligieron a los dos hermanos para esta tarea titánica.
Una Innovación Revolucionaria: El Alfabeto Glagolítico
Consciente de que la lengua eslava carecía de escritura propia, Cirilo, con la ayuda de su hermano, realizó una hazaña intelectual extraordinaria: ideó un nuevo sistema de escritura, el alfabeto glagolítico (precursor del actual cirílico). Este alfabeto estaba perfectamente adaptado para representar los sonidos únicos del habla eslava.
Armados con esta herramienta, comenzaron la monumental tarea de traducir las Sagradas Escrituras y los textos litúrgicos. Su lema era claro: la Palabra de Dios debía ser accesible a todos en su propia lengua materna.
Incomprensión y Triunfo en Roma
Su innovador método chocó con la férrea oposición de clérigos francos y alemanes, quienes sostenían la "herejía trilingüe": la idea de que a Dios solo se le podía alabar en hebreo, griego o latín. Para defender su misión, los hermanos viajaron a Roma en el año 867.
Allí, el Papa Adriano II no solo aprobó su trabajo, sino que bendijo sus libros litúrgicos eslavos, colocándolos solemnemente en el altar de la Basílica de Santa María la Mayor. Fue un triunfo rotundo para la inculturación de la fe.
El Legado de dos Vidas Entregadas
Agotado por las fatigas, Cirilo enfermó en Roma y, tras profesar como monje, falleció el 14 de febrero de 869, siendo sepultado en la Basílica de San Clemente. Metodio, ordenado obispo, regresó a Moravia para continuar la obra. Enfrentó años de persecución, intrigas e incluso prisión a manos de sus enemigos políticos y eclesiásticos, pero perseveró hasta su muerte en el año 885.
La semilla plantada por Cirilo y Metodio floreció, dando origen a la rica tradición literaria y cristiana de las naciones eslavas. Por su papel fundamental como puente entre Oriente y Occidente, el Papa Juan Pablo II los declaró en 1980 Copatronos de Europa, junto a San Benito.







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