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Felipe y Santiago: Los Caminos de la Fe que llevaron el Evangelio a los confines del Mundo

Celebrados conjuntamente este domingo 3 de mayo, ambos apóstoles representan dos facetas de la misión evangelizadora: la audacia de interrogar a Jesús para conocer al Padre y la constancia de guiar con sabiduría y justicia a la primera comunidad de Jerusalén.

Felipe: El buscador que facilitó el encuentro

Originario de Betsaida, la misma ciudad de Pedro y Andrés, Felipe fue uno de los primeros en seguir a Jesús. Su personalidad destaca en los Evangelios por su carácter práctico y su deseo de compartir la verdad; fue él quien buscó a Natanael diciéndole: "Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés... Ven y verás".

Felipe es también el protagonista del diálogo en la Última Cena que inspiró las lecturas de estos días, al pedir con sencillez: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta", provocando la revelación de Jesús sobre su profunda unidad con el Padre celestial. Tras Pentecostés, la tradición señala que predicó en las regiones de Frigia (en la actual Turquía), donde sufrió el martirio.

Santiago el Menor: El pilar de la ley y la caridad

Hijo de Alfeo y pariente de Jesús, es conocido como "el Menor" para distinguirlo de Santiago el Mayor (hermano de Juan). Gozó de una inmensa autoridad en la Iglesia primitiva, convirtiéndose en el primer obispo de Jerusalén y desempeñando un papel clave en el Concilio de Jerusalén, donde se decidió la apertura de la fe a los no judíos.

A él se le atribuye la autoría de la Epístola de Santiago en el Nuevo Testamento, una carta famosa por su insistencia en la justicia social y en la coherencia de vida: "La fe sin obras está muerta". Según los historiadores de la época, su rectitud era tal que tanto judíos como cristianos lo llamaban "el Justo". Murió mártir en Jerusalén, despeñado desde el pináculo del Templo y rematado a golpes por defender la divinidad de Cristo.

Unidos en el altar y en la historia

La Iglesia los celebra juntos debido a que sus reliquias fueron trasladadas y depositadas el mismo día en la Basílica de los Santos Apóstoles en Roma, durante el siglo VI. Su fiesta nos recuerda que la fe se construye tanto en el diálogo íntimo y la búsqueda (como Felipe) como en el compromiso ético y la fidelidad comunitaria (como Santiago).

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