Siete corazones, una sola entrega: Los mercaderes que se hicieron siervos
En la opulenta Florencia del siglo XIII, siete hombres de negocios decidieron que la verdadera riqueza estaba en el servicio a María y la vida en comunidad. Hoy celebramos la fraternidad radical que dio origen a la Orden de los Servitas.
Florencia, Italia. Corría el año 1233. La ciudad era un hervidero de comercio, política y lujos. En medio de este bullicio, siete amigos, todos ellos mercaderes destacados y miembros de una cofradía mariana, compartían una inquietud común: sentían que sus vidas necesitaban un propósito más profundo que el simple intercambio de sedas y especias.
Los nombres de estos visionarios eran: Bonfiglio, Bonagiunta, Manetto, Amadio, Sostenes, Ugoccio y Alejo.
El llamado de la "Señora"
La tradición cuenta que el 15 de agosto, durante la fiesta de la Asunción, la Virgen María se les apareció y les pidió que abandonaran el mundo para dedicarse por completo a Dios. Lo que hace única esta historia no es solo el milagro, sino la respuesta colectiva. No fue uno solo; fueron los siete, movidos por el mismo espíritu, quienes decidieron dar el paso.
Sin dudarlo, arreglaron sus negocios, proveyeron para sus familias y se retiraron a una pequeña casa a las afueras de la ciudad. Cambiaron sus finas vestiduras por hábitos grises y comenzaron una vida de oración y mendicidad. Su humildad era tal que, cuando caminaban por Florencia, los niños los señalaban diciendo: "¡Miren, ahí van los siervos de María!". De ahí nació el nombre de su orden.
Monte Senario: El refugio de la soledad compartida
Buscando una entrega aún más radical, se trasladaron al Monte Senario, una cumbre solitaria donde construyeron un pequeño oratorio. Allí, bajo la regla de San Agustín, fundaron oficialmente la Orden de los Siervos de María (Servitas). Su carisma se centró en la meditación de los Dolores de María al pie de la cruz, viendo en su sufrimiento el modelo perfecto de entrega y servicio.
El legado de la fraternidad
Lo que te puede resultar más inspirador de estos santos es que nunca buscaron destacar individualmente. Vivieron como una verdadera familia.
Se apoyaban en las dudas.
Se cuidaban en las enfermedades.
Se corregían con caridad.
El último en morir fue San Alejo Falconieri, quien, por humildad, siempre se negó a ser ordenado sacerdote, prefiriendo servir como hermano lego. Falleció a los 110 años en el año 1310, habiendo visto la expansión de su orden por toda Europa.
En 1888, el Papa León XIII tomó una decisión histórica: en lugar de canonizarlos por separado, los elevó a los altares a los siete juntos, como un solo cuerpo, recordándonos que el camino a la santidad, a veces, es un viaje que se hace mejor acompañado.
Una lección para hoy: En un mundo que premia el individualismo, los Siete Fundadores nos dicen que la amistad verdadera puede ser el motor de los cambios más grandes.
La espiritualidad de los Servitas es profunda y muy humana, porque se centra en acompañar a María no solo en sus alegrías, sino especialmente en sus momentos de mayor dolor. Para ellos, ser "Siervo" no es una carga, sino un honor que nace del amor.
Aquí tienes una de sus oraciones más hermosas y representativas, que refleja ese deseo de estar al pie de la cruz, tal como estuvieron los Siete Fundadores:
Oración de Consagración a la Madre de los Dolores
Santa María, Sierva del Señor y Madre nuestra, > hoy me pongo ante ti con el mismo espíritu de los Siete Santos Fundadores,
deseando ser, como ellos, un humilde siervo de tu amor.
Tú que te mantuviste firme al pie de la Cruz,
enséñame a no huir ante el sufrimiento propio o ajeno.
Madre Dolorosa, graba en mi corazón los sentimientos de tu Hijo,
para que aprenda a ver en cada hombre y mujer que sufre
el rostro sufriente de Jesús.
Te pido que me ayudes a vivir en fraternidad,
compartiendo con mis hermanos la alegría y la pena,
construyendo siempre puentes de paz y de consuelo.
Que mi vida sea, como la de los Servitas,
una respuesta de amor a tu llamado,
y que al final de mi camino pueda encontrarte,
Reina de los cielos, en la gloria de la Resurrección.
Amén.
Un detalle sobre su oración diaria
¿Sabías que los Servitas tienen una devoción especial llamada la Corona de los Siete Dolores? En lugar de los misterios tradicionales del Rosario, ellos meditan siete momentos específicos donde María sufrió por amor a nosotros:
La profecía de Simeón.
La huida a Egipto.
La pérdida de Jesús en el Templo.
El encuentro con Jesús camino al Calvario.
María al pie de la Cruz.
María recibe el cuerpo de Jesús en sus brazos.
Jesús es puesto en el sepulcro.
Es una forma muy potente de entender que el dolor compartido pesa menos.







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