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Lunes de la VII Semana de Pascua

Jn 16,29-33. Tened valor: yo he vencido al mundo.                                          

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (19,1-8):

MIENTRAS Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó:

«¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?».

Contestaron:

«Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo».

Él les dijo:

«Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?».

Respondieron:

«El bautismo de Juan».

Pablo les dijo:

«Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que iba a venir después de él, es decir, en Jesús».

Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.

Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses hablaba con toda libertad del reino de Dios, dialogando con ellos y tratando de persuadirlos.

Palabra de Dios


Salmo

Sal 67,2-3.4-5ac.6-7ab


R/. Reyes de la tierra, cantad a Dios


Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,

huyen de su presencia los que lo odian;

como el humo se disipa, se disipan ellos;

como se derrite la cera ante el fuego,

así perecen los impíos ante Dios. R/.


En cambio, los justos se alegran,

gozan en la presencia de Dios,

rebosando de alegría.

Cantad a Dios, tocad a su nombre;

su nombre es el Señor. R/.


Padre de huérfanos, protector de viudas,

Dios vive en su santa morada.

Dios prepara casa a los desvalidos,

libera a los cautivos y los enriquece. R/.


Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (16,29-33):

EN aquel tiempo, aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús:

«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios».

Les contestó Jesús:

«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

Palabra del Señor                                                                                                   

Comentario:

«¡Ánimo!: yo he vencido al mundo»

Hoy, Jesús afirma que los discípulos lo dejarán solo, pero añade inmediatamente que no está solo, «porque el Padre está conmigo» (Jn 16,32). Padre, Hijo y Espíritu Santo forman una comunidad de amor. Del mismo modo, los bautizados también participamos de esta comunión de amor; nunca estamos solos: «Precisamente porque Cristo nos ama, no nos deja solos en las pruebas de la vida; nos promete el Paráclito, es decir, el Abogado, el Espíritu de la verdad» (León XIV).

Podemos participar de la vida divina en cualquier momento. Como criaturas, el Padre siempre nos mantiene en el ser. Como bautizados siempre podemos participar de la Inhabitación de la Santísima Trinidad en nosotros. Ten presente que siempre puedes dirigirte al Señor en cualquier lugar y circunstancia. Esta relación con la Trinidad se nutre especialmente en los sacramentos y se ha de manifestar en la práctica de la caridad.

Es necesario cuidar la relación con Dios para hacerla más intensa y viva: participar de los sacramentos (especialmente, la Eucaristía y la Penitencia), tener una vida de más intimidad a través de la oración, la lectura de la Sagrada Escritura o la práctica de la caridad siguiendo las obras de misericordia. Él sale a nuestro encuentro; hemos de acogerle en nuestra persona.

Con la vista puesta en la Ascensión y en Pentecostés, el Evangelio también nos recuerda que Cristo ha vencido a la muerte. Jesucristo ha resucitado realmente. Todavía estamos en el tiempo de Pascua. Jesús nos recuerda que Él ha vencido al mundo (cf. Jn 16,33). Si lo comparamos con el mundo del deporte, sería como estar jugando un partido en el que sabemos que ya está ganado. Esto no significa que no haya peligros; esto no supone no haya necesidad de esforzarse. A pesar de que todavía queda tiempo de partido y que habrá que sudar y sufrir, sabemos que la victoria es nuestra.


¡Siempre de la mano de María! Ella está llena del Espíritu Santo, vivió una vida de gran intimidad con Cristo, lo llevó dentro durante nueve meses, lo escuchó a lo largo de los años y acompañó a los discípulos en la recepción el Espíritu Santo el día de Pentecostés.

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