El trabajo como vocación y servicio
Una reflexión sobre el sentido cristiano de la labor diaria, la nobleza de todas las profesiones y el rol del ser humano como colaborador en la Creación. El valor del trabajo bien hecho para el bien común, la dignificación de la persona y la búsqueda de la justicia social.
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Roberto Carlos TorresPeriodista y divulgador histórico de Junín Director: Junín Historia • Teletipo Regional Integrante del equipo de trabajo e investigación del Museo y Archivo Histórico de Junín |
Es importante que nos ocupemos del mundo del trabajo, o si lo prefieres de nuestra vocación profesional. Cada hombre llena un trabajo en este mundo; en él se fatiga, en él se piensa, en él se ocupa la mayor parte de las horas del día.
En el Evangelio se nos habla de los jornaleros contratados por el dueño a distintas horas del día, que al atardecer se presentan a cobrar su salario. ¿Cuál es el sentido cristiano del trabajo?.
Estamos inclinados a dividir los trabajos por categoría y en consecuencia a clasificar también a los hombres y mujeres según el trabajo que realizan. Delante de Dios todos los trabajos si son honrados, son igualmente nobles y todos sirven igualmente para darle gloria y santificar a las personas, si se hacen con las debidas condiciones.
Trabajo honrado es el que se ejecuta empleando y ejerciendo dignamente las fuerzas del alma y del cuerpo en servicio de los demás. Por esta razón, es un trabajo honrado y noble, por ejemplo, el sentarte a la mesa donde encuentras el pan fresco y mucho otros alimentos. Esto quiere decir que ha habido un panadero, un lechero, un carnicero, un pescador, y muchos otros hombres y mujeres que han trabajado por ti,
Igualmente cuando te pones a trabajar, usas un libro, un papel, un lápiz o una lapicera y muchas otras cosas que son también el trabajo de hombres y mujeres. También los profesores trabajan por ti.
Nuevas necesidades de este mundo han hecho aparecer nuevas profesiones especialmente para las mujeres: azafatas, asistentes sociales, puericultoras, decoradoras, guías de turismo, periodistas, telefonistas, profesoras de canto, de hogar, de danza, secretarias, locutoras de radio y televisión, etc. Hay también muchos trabajos muy duros como el de los mineros, campesinos, obreros de la construcción y grandes fábricas y tantos otros. También las empleadas del servicio doméstico realizan un trabajo costoso.
Jesucristo nos da un ejemplo de trabajo. Trabajó con sus manos en Nazaret durante los largos años de su vida oculta y era conocido como el carpintero y escogió por apostóles a hombres entregados al trabajo como los pescadores.
El trabajo es el medio que Dios ha puesto en nuestras manos para sobrevivir en este mundo. Pero no debemos dejar esclavizarnos por el trabajo. Trabajemos para vivir no vivamos para trabajar. Por eso el trabajo dignifica al hombre y a la mujer.
El Concilio Vaticano II nos dice: "Los hombres y mujeres que mientras procuran el sustento para sí y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte provechoso para la sociedad, pueden con razón considerar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven a sus hermanos y contribuyen a que se cumplan los designios de Dios en la historia".
Cada uno de nosotros ha de encontrar el puesto de trabajo para el que tiene más cualidades. Para ello hemos de conocer bien cuál es nuestra vocación profesional. Elegir bien la profesión más conveniente es muy importante para la vida del hombre, pues de ella dependerá en gran parte la eficacia de su trabajo y también la felicidad de su vida.
Dios ha creado el mundo y todas las energías. Pero ha encomendado al hombre su desenvolvimiento, su perfeccionamiento. Por el trabajo, haciendo uso de sus capacidades para transformar el mundo, el hombre actúa como colaborador de Dios en la obra de la Creación.
Los cristianos ofrecemos a Dios nuestro trabajo unidos a los sacrificios de cada día. Así nos santificamos en nuestra stareas por humildes que sean. También el mundo perfecccionado por el trabajo del hombre, se va preparando a la transformación final, cuando Dios hará surgir unos "cielos nuevos y una tierra nueva".
Con nuestro trabajo se produce algo que los otros necesitan. De la misma manera nosotros nos servimos de los demás. Nadie puede bastarse a sí mismo. Con nuestro trabajo nos ayudamos unos a otros y hacemos que los bienes del mundo estén mejor repartidos. Sería injusto que el trabajo de todos sirviera solamente para aumentar la riqueza y el bienestar de unos pocos privilegiados comom ocurre en algunos países aún hoy a tres décadas de iniciado el siglo 21.







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