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El joven frente a su vocación


Un análisis sobre la dimensión personal y comunitaria de la vocación cristiana entendida como misión y servicio. Desde la necesidad de respetar la libertad en la juventud hasta los criterios clave para interpretar la voluntad de Dios en la vida cotidiana.

Roberto Carlos Torres

Roberto Carlos Torres

Periodista y divulgador histórico de Junín

Director: Junín HistoriaTeletipo Regional

Integrante del equipo de trabajo e investigación del Museo y Archivo Histórico de Junín

Más allá de lo profesional, toda vida humana constituye un llamado a realizarse y servir a la comunidad. La importancia del rol de padres y educadores para guiar sin imponer, permitiendo que cada joven descubra su propio camino y responda con generosidad.

Las dimensiones horizontal y vertical del llamado bautismal: una guía de reflexión sobre la libertad de elección, el valor de cada puesto de servicio en la sociedad y la lectura atenta de las necesidades de nuestro tiempo.

1. Qué significa vocación:

No todos entendemos lo mismo cuando hablamos de vocacion, ni expresa para todos el mismo contenido. Prescindamos del uso meramente humano de la palabra «vocación».

En el plano religioso, la realidad vocacional, como toda realidad del hombre cristiano, debe quedar referida a la fe bautismal.

Para nosotros la vocación guarda relación directa con estas tres situaciones: estado de la vida, profesión y ocio o situación extralaboral permanente.

Podemos distinguir en la realidad vocacional, dos dimensiones: una horizontal y una vertical.

La personal responde a la aspiración que Dios ha puesto en el hombre de realizarse dando salida y plenitud a todas las virtudes. Lo afirmaba así Pablo VI en Populorum Progressio:

“En los designios de Dios cada hombre está llamado a desarrollarse porque toda vida es una vocación. Desde su nacimiento, ha sido dado a todos, como en germen, un conjunto de cualidades y actitudes para hacerlas fructificar”.

Por su parte, la dimensión vertical enlaza con el “carácter misivo de nuestra existencia”. La vocación es siempre misión, es encontrar el puesto que Dios nos señala para participar en la misión de que la Iglesia tiene encomendada para salvar al mundo.

2. La vida de todo hombre es una vocación:

Nuestra vida y, en realidad, la vida de todo hombre, es una vocación, una llamada para realizar una misión concreta en medio de la sociedad. Nuestro Dios es ante todo un Dios vivo que llama en todos los tiempos, que escoge personas concretas para construir su Pueblo, su Reino, transformando el mundo.

3. Todos los cristianos han sido objeto de una vocación fundamental:

Todos los cristianos hemos sido objeto de una vocación especial: hemos sido llamados por Dios a participar dentro de la Iglesia, en la tarea de la salvación, no una salvación individual, sino comunitaria. Esta llamada, esta vocación inicial cristiana, que es fundamentalmente la única vocación, es desde luego personal y tiene respuesta también inicial en el bautismo. Decimos llamada inicial porque es el punto de arranque de una línea ininterrumpida de llamadas:

— Llamada a vivir a diario una vida cristiana digna.

— Llamada a la libertad de los hijos de Dios.

— Llamada a hacer el bien soportando sufrimientos y persecuciones.

— Llamada a vivir en el amor fraterno, en la unión.

— Llamada para un futuro.

Todas estas llamadas de esta vocación cristiana no tienen sólo una dimensión personal, sino sobre todo, una dimensión comunitaria; como miembros de la Iglesia, los cristianos participamos en la vocación o misión de la Iglesia, que es la realización de su tarea salvífica de la salvación de toda la humanidad.

4. Importancia de todas las vocaciones particulares:

Lo importante es que todos cultivemos nuestra vocación según el Evangelio, ya que a lo que todos somos llamados ciertamente es a ocupar un puesto de servicio en la Iglesia y en el mundo. Conviene añadir algo más: todos los puestos de servicio son necesarios, por suponer una función complementaria en la misión o convocación eclesial que es lo que siempre ha de quedar a salvo.

5. No imponer la vocación a nadie:

Es respeto a la persona debe traducirse en una actitud de imparcialidad positiva por parte de los padres y educadores de los jóvenes. Preparar una elección libre es conducir al educando a un serio y responsable planteamiento de su vocación personal, sin imponer, ni excluir, ni preferir ninguna posibilidad, conscientes de que uno de los mayores abusos que pueden cometerse en educación es el de imponer una determinada personalidad vocacional.

6. Criterios para la elección personal:

El serio y responsable planteamiento de la vocación consiste en hacerse capaz de averiguar o leer en los proyectos, problemas, aspiraciones y en los acontecimientos de cada día, grandes o pequeños, qué hay que hacer o cuál sea la voluntad de Dios y responder generosamente.

A la base, pues, de cualquier vocación particular debe asentarse, repetimos, la capacidad de leer cada día la voluntad de Dios sobre el creyente. El examen de las necesidades del hombre de hoy, el examen de las necesidades de todos los hombres, y especialmente de los más pobres, hará tomar conciencia a la Iglesia de la mayor o menor urgencia de las distintas vocaciones o servicios.

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