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La ciudad que nunca dejó de tender la cama

 


Juan Manuel Sequeira

Juan Manuel Sequeira

Partido Socialista • Junín Bicentenario

Casa del Pueblo Junín

 Al finalizar el partido contra Inglaterra, Lautaro Martínez, conmovido agradeció a su mamá. Contó que, aun cuando el ya no vivía en la casa, todos los días ella seguía tendiendo su cama. Como si en silencio le dijera: “Acá siempre hay un lugar para vos.”

Estos días, mientras jugadores y cuerpo técnico de la Selección Argentina regresan a sus pueblos y ciudades de origen, circulan imágenes con enorme significado comunitario. Recorridas en autobombas, plazas llenas de gente, vecinos que entregan comida casera, artesanías, canciones y camisetas, chicos que quieren abrazarlos, clubes de barrio que esperan homenajearlos, ventanas con banderas. Son pueblos movilizados para celebrar a uno de los suyos. Escenas que, aunque felizmente no sean una novedad, trascienden el acontecimiento deportivo.

Y entonces, aparece una pregunta: ¿Qué conservan nuestras ciudades y pueblos que ni el éxito, ni el dinero, ni un mundo cada vez más hiperconectado y, al mismo tiempo, más desarraigado, logran reemplazar?

Desde hace mucho tiempo, quienes estudian las ciudades coinciden en que ya no son sólo municipalidades que administran servicios y ordenan el territorio. Son espacios donde se despliegan buena parte de las estrategias para el desarrollo humano y la construcción de ciudadanía. Ese cambio fortaleció la autonomía de los gobiernos locales y abrió la posibilidad de imaginar ciudades más inclusivas e innovadoras.

Por otro lado, nos llevó a medir casi exclusivamente en término de indicadores:  financiamiento, premios, inversiones, metros cuadrados, ranking, desarrollos, entre otros. También, crecieron los desafíos: el de las ciudades cada vez más fragmentadas, con barreras físicas, desigualdad, privatización de espacios públicos y menos encuentro.  

En paralelo, una vez más las instituciones tradicionales han perdido parte de su capacidad para integrar a la sociedad, representar expectativas y movilizar ilusiones.

Sin embargo, estos días, se hizo visible otro indicador, que florece cuando la ciudadanía comparte espacio público, se encuentra y se reconoce: la infraestructura afectiva de las ciudades. Esa, que mira de frente a las crisis, los problemas, las deudas pendientes y recuerda que hay salida.   

Lejos de alimentar localismos vacíos, estas escenas recuperan el valor de lo que las ciudades son capaces de producir: talentos, identidad, memoria, pertenencia y solidaridad. Los jugadores vuelven porque existe un "nosotros" que los espera y se despliega en esas calles que los vieron crecer.

Se aproxima el Bicentenario de Junín, cumplimos 200 años, es momento de movilizarnos con esta certeza ciudadana, democrática y afectiva. Trabajemos para que la ciudad permita desarrollar proyectos de vida, con innovación y futuro. Trabajemos también, para que las nuevas generaciones quieran regresar a compartir con los suyos, como los muchachos, coronados de gloria.

Que, en Junín, la cama siempre esté tendida.

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