Caos, colapso y represión en el Eva Perón durante el ingreso de los hinchas de River en Junín
El operativo de seguridad dispuesto por APREVIDE y la Policía Bonaerense se vio totalmente desbordado en la previa del partido entre Sarmiento y el "Millonario". Fallas en los lectores QR, denuncias de sobreventa de entradas, demoras en los accesos y la reducción de pulmones de contención derivaron en graves incidentes, represión con gas pimienta y empujones que dejaron varios heridos leves y demoraron el inicio del juego.
Lo que debía ser una fiesta deportiva con la presencia de público visitante en la ciudad se transformó en una jornada de extrema tensión, descontrol y violencia institucional. Durante la tarde del miércoles 14, los accesos a la cabecera visitante del estadio Eva Perón colapsaron por completo antes del duelo adeudado por la fecha 11 del Torneo Clausura entre Sarmiento de Junín y River Plate, arrojando como saldo incidentes entre los fanáticos y efectivos de la Policía Bonaerense.
Un operativo fallido y acusaciones de sobreventa
El conflicto comenzó a gestarse horas antes del pitazo inicial pactado para las 19:00 h. En un principio, el club local y la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte (APREVIDE) habían dispuesto un cupo de 3.000 localidades para la parcialidad visitante. Sin embargo, ante la alta demanda, la dirigencia del "Verde" habilitó un remanente de 1.500 entradas adicionales —a un costo de 100.000 pesos cada una, alcanzando una recaudación cercana a los 450 millones de pesos—. Para dar lugar a los 4.500 espectadores, se achicó el pulmón divisorio de seguridad en la tribuna.
A pesar de que la apertura de puertas estaba prevista a las 16:30 h, la mayor concentración de público se dio sobre la hora del encuentro. Allí se desencadenó una serie de fallas operativas clave:
Fallas tecnológicas: El sistema informático de lectura de códigos QR en los molinetes dejó de funcionar correctamente, paralizando el ingreso.
Control de accesos: Se generó una gran congestión por la exigencia del ticket físico adicional al sistema River ID, en la intersección de las calles Hipólito Yrigoyen y Paso.
Desbordes en los portones: Miles de personas quedaron agolpadas contra el único portón habilitado. El pánico derivó en desmayos, personas sofocadas y simpatizantes que debieron treparse a las cornisas para evitar ser aplastados por la marea humana.
Llegada tardía del personal: Pese a haberse anunciado un despliegue de 350 efectivos policiales y 30 empleados de UTEDYC, la presencia policial en los vallados iniciales fue deficiente y tardía, facilitando que grupos sin entrada forzaran los vallados.
Tensión, descompresión forzada y represión policial
Ante la desesperación de la gente aprisionada contra los vallados exteriores, fueron los propios hinchas quienes forzaron los portones para descomprimir a las personas afectadas por la falta de aire y bajas de presión.
La respuesta de las fuerzas de seguridad agudizó la crisis: los efectivos policiales hicieron uso de la fuerza arrojando gas lacrimógeno y gas pimienta de manera indiscriminada a corta distancia, además de golpear con escudos y bastones a los simpatizantes que intentaban ingresar pacíficamente con su entrada en mano.
El caos obligó a retrasar el inicio del partido, mientras en la tribuna popular visitante la sobreocupación era evidente a simple vista, con hinchas apiñados contra el tejido perimetral. Aunque solo se registraron heridos leves por inhalación de gas y contusiones menores, el episodio volvió a poner en la mira los controles de seguridad y los esquemas de organización en los espectáculos deportivos de alta convocatoria en el interior bonaerense













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